ÍTAKA, LA TIERRA PROMETIDA

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ÍTAKA, LA TIERRA PROMETIDA

 

Insensato destino, has abierto el cauce del impetuoso río, has volcado el sagrado misterio del amor, en las implacables aguas del obscuro y silencioso océano.

Insensato, yo viajaba buscando, el remanso donde calmar mis ansias del reencuentro, en una precaria balsa que sostenía mis moribundos sueños y las semillas de mis más anhelados deseos.

Ahora hállome a la deriva implacable destino, implorándote las tierras prometidas, las tierras de Ítaka, que silenciosamente han guardado sus huellas, las huellas de mi amado, sigilosamente los surcos de su alma, habían sido abiertos, en espera de mis fecundadas semillas. 


Tierras perdidas de sudor y sangre, tierras anheladas de pasiones llorando ausencias, tierras de rescoldos, que guardan aún el último fuego, el fuego sagrado de amarnos. 
Tierras abandonadas, tierras ignoradas, que se esconden para no ser quemadas por los fuegos de volcanes, que en el pasado alejaron las promesas de volver a reencontrarnos.


En algún tiempo yo fui Penélope, y tu nunca llegaste, hoy ya no soy, siempre lo supe, no soy ni ángeles ni las endemoniadas gárgolas. Hoy ya no soy, y aún no has descubierto el nombre verdadero de mi alma, quizás algún día, si a Ítaca regreso, si algún día el destino puede perdonar mis silencios, mi ausencia forzada, mi espera de ti, tan larga y desolada, quizás en aquel día puedas recordarme, quizás en aquel día comprendas mi ganas de amarte, tan inexplicablemente como el arco iris se muestra después de la tormenta.


Insensato destino, ya no crecerán los bosques de Arces, Robles, y Álamos, en esa tierra desolada y árida de Ítaca, en cambio mis semillas se hunden poco a poco en lo profundo de un mar que no perdona, y sucumben en horas que olvidaron los tiempos de sembrarnos, para nacer quizás, en algún tiempo venidero, para nacer y volver a recordarnos, para nacer y ya más nunca separarnos, y ser como extraños árboles entrelazados, y ser como los amantes etéreos, donde uno va, el otro ha de encontrarle, por sus raíces aún nunca estrechadas, por aquél hilo rojo,…por aquél, que una vez se anunciara poseedor de nuestro inevitable destino, por nuestro amor, y por nuestras horas, que fueron tan amadas. 


Ítaka, no mueras esperando mi regreso, que aún late el corazón, que aún late preso en mi destierro, imaginando la luz, y sintiendo el peso de la cruz, que ha sido crucificada por su ausencia, hoy yace esperando en el fondo del océano, ser rescatada por algo menos duro que su puñal de hierro, por algo menos duro que su inevitable presencia que aún perdura dentro de mi corazón, como una perfumada e inolvidable esencia.
Berkanaluz
D.R. 

Las imágenes fueron tomadas de internet

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VIDEO YOUTUBE

-ÍTAKA-

de Kavafis

Recitado por  –José Luis Rico-

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