VOLAR

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VOLAR

No puedo evitarlo, tengo a veces esa melancolía que nos produce el mar al contemplarlo, esos atardeceres de tibios rayos, esa brisa fresca donde la vida al contemplar el horizonte parece querer decirnos…”disfruta hoy que nada es para siempre” y cada ola que viene y va, muere despacio absorbida por la arena, en una orilla que a cada minuto cambia y que jamás permanece inalterable.

A veces me pregunto, bajo que indulto y que permiso nosotros los humanos hacemos inmortales los instantes, los amores, las memorias, bajo que perdón se nos concede el hecho de querer ser más que el mar, o el propio tiempo y hundirnos en contratos y promesas que intentan atrapar lo inatrapable, de por vida.

Es esa melancolía de ser como los pájaros que me atrapa ahogando mis horas, como una malla que me apresa y que me envuelve asfixiando mi bitácora, en una jaula de tormentos sin barrotes, solo hecha de tiempo y promesas.

De tanto andar por laberintos inexplicables, que como puertas invisibles han de invitarme, es que siento mis alas temblar sin poder calmarme y me pregunto hasta con miedo, en que momento yo me volví un pájaro, si fue soñando, o si fue viviendo en este mundo, presenciando sus interminables tormentos.

Siento mi vuelo como un llamado que despierta todas mis vidas de un sueño, éste ha vivido encerrado en un claustro, siento mi vuelo como un tornado que trata de atraparme y liberarme para que pueda soltar el lastre hacia lo profundo del mar de los naufragios.

Yo estuve ahí y sé de su condena, sé de los capitanes de barcos y sus zozobras en los bancos de arena, y también sé que siempre ellos contemplaron el horizonte, siendo llamados por un vuelo, sin alas pero con cadenas, ellos también habían perdido sus bitácoras, pero siguieron el llamado de su sangre y de su alma, poder volar, aunque fuesen humanos, poder volar sin alas sobre el mar de los sargazos.

No puedo evitar esta melancolía que el mar me reclama, no quiero vivir soñando con un vuelo, solo quiero volar sin que mis alas se rompan en mil pedazos. Pero le temo a las partidas porque es ancho el océano y profundo, las grandes tormentas levantan sus olas hacia el cielo, y las tempestades no perdonan, zozobran las proas de los barcos, se hunden en tinieblas insalvables, y solo el óxido lo sabe, y solo el óxido se adueña del eterno silencio.

La brisa de melancolía que me envuelve, es la misma que sobrevive en los muelles, lugares de partidas con muy pocas llegadas, lugares de ausencias despobladas de abrazos y sonrisas, solo las gaviotas y sus graznidos parecen quebrar el mustio silencio de esos lugares tristemente abandonados.

El desconsuelo es la tierra de aquellos que no nos atrevemos a volar y un dolor en la espalda se percibe por las alas que no deciden levantar su vuelo, tal vez ese sea el castigo por no vencer el miedo a volar y no atrevernos a salir del encierro, de esa jaula que nos impide escapar, aún sin barrotes y sin puertas,  abierta nos invita a volar, mostrándonos la inmensidad del celeste cielo, abierta nos invita a escapar de éste árido y contaminado suelo.

Berkanaluz

D.R.

http://www.berkanaluz.wordpress.com

La imagen fue tomada de internet 

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Video
Samvel Yervinyan
Walking Along The Road – Piano & Violín 
Música Clásica Contemporánea

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