PROSA LACRIMOSA

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PROSA LACRIMOSA

 

Querida prosa lacrimosa hoy te invito a escribir tú y yo juntas, cara a cara como nunca lo hicimos sobre la dolorosa verdad que se esconde debajo de tu derruida loza. Quiero descubrir tu verdadero rostro, tu mísera intención agazapada como si fueras un par de garras al acecho en las tinieblas, rompes y rasgas la quietud y el silencio de las almas, desgarras y destrozas las memorias, los recuerdos y los desangras, convirtiendo al poeta en tu inocente presa.

Llevo años escribiendo, la tinta se ha vuelto sangre, las horas se han vuelto lágrimas y yo jamás he dejado de soñarte, y yo jamás he podido evitarte, se ha quebrado el canto del jilguero, se ha detenido el reloj del tiempo, se ha callado la lluvia en el silencio de las eternas noches y tú todavía sigues implorando, extraña y misteriosa prosa, aún sigues implorando desangrar las almas y refrescarte en sus ensangrentados charcos y sigues reclamando poder gozar de sus fracturados arpegios que tocan persiguiendo  las eternas quimeras.

¡Vamos querida prosa!, mostremos nuestros ocultos rostros, llevo años inclinando el peso de todos los tiempos sobre tu papel blanco e inmaculado, mientras tanto tu persistes resguardada en tu tierra de  resplandores y de silencios, tu persistes en tu sórdida vacuidad desamparada.

Eres incapaz de sentir la emoción que se esconde en cada alborada, tú tan solo deseas los sueños de los frágiles poetas para sentirte cada vez más amada como lo has hecho por siempre de forma tan descarada.

¡Vamos querida prosa!, tú no eres solo una inspiración que a cada segundo corroes las almas, tú estas hecha de polvos, de orillados olvidos, de sepulcros cromáticos escondidos en las eternas nebulosas.

Pero tú, tú calladamente vas filtrándote en la grieta de los profundos silencios, llevándote poco a poco los amores prohibidos, esos que han quedado atrapados en sus eternas danzas de desquiciados tormentos y desesperanzas confusas, tú te has llevado el elixir de los cuerpos chorreados de acuosas heridas, al pozo azul donde se renueva tu fuerza, como una fuente inagotable. 

¡Tú, prosa insaciable!, has acariciado las manos de los poetas amantes, has besado en sus bocas de dulces y venenosos besos, has amado en la pasión de sus cuerpos clandestinos, has gozado el amor de sus tiempos sentenciados.

¡Tú, prosa incesante!, estuviste en las largas noches de las antiguas tragedias griegas y encandilaste las almas de las nueve musas prohibidas.

¡Tú, prosa irreverente!, presenciaste las agónicas horas que existieron en las míseras esencias de los poetas malditos influenciando las “Flores del Mal de Charles Baudelaire, estuviste en las cárceles eternas de sus almas llevándote el misterio de Thomas Chatterton y de muchos otros, habitaste en ellos como sombra que eres tentándolos como una alucinante droga, confinándolos a sus condenas, en su desesperación por darle una forma a la carne, y en su tribulación por liberar el espíritu de su viaje tan indomable e incomprensible.

¡Tú, prosa insensata!, estuviste en el exorcismo eterno de la Divina Comedia, confundiendo al poeta Virgilio, desgarrando el alma de Dante, afiebrado éste de amor por su imposible pasión llamada Beatrice.

¡Tú, prosa impiadosa!, contemplaste el universo y deseaste las sinfónicas y ardientes miradas de Venus y Marte.

¡Tú, prosa infidente!, confundiste las pasiones de Safo de Lesbo, la décima poeta incomprendida.

¡Tú, prosa implacable!, exorcizaste el alma de todos los indefensos poetas y a ellos los hiciste amar imposibles quimeras, arremetieron sus cuerpos contra las paredes y ofrecieron sus almas bebiendo de la copa vacía llamada desesperanza, mientras lentamente resurges momento a momento de tus sueños macabros, mientras despiertas congregando tus átomos para insuflarles la vida, liberándolos de tu inmutable encierro y de tu agazapado sepulcro, para poder contemplarlos viajando libres por el espacio sin lugar y sin tiempo y de esa forma revives, vanagloriándote de tu incestuoso trofeo.

¡Tú, prosa aferrada al mito del amor en ciernes!, te vistes con el atuendo pasional de la rosa, pero duermes en antiguos y aciagos sepulcros, entre el orín de las ratas y los castigos impíos, donde escondes la vil cárcel del poeta, donde él paga muy caro tu precio, cuando eres tú la que recibes todos los honores y eres premiada por la pasión de la palabra expresada y eres alabada y eres vitoreada escondiendo en tu seno, la mueca de la muerte tras la sonrisa de tu congelada sombra de formas aladas.

¡Tú, efímera prosa!, llevas en tu alma escondida la pasión de la carne encendida, tú llevas en tu impronta como una sombra que orilla un leve resplandor que mata y que da vida, una sombra de la que el poeta no puede huir, no puede escapar porque cree que es el latir de su corazón que la sangre demanda y el poeta no puede huir de la prosa, antiguo latido que aunque lo desangre le da una razón para seguir viviendo, que aunque lo desintegre lo lleva a volar por esos lugares prohibidos donde ha de sumergirse en las pasiones de aquellos amores que por siempre alimentarán su vida.

Porque mientras tú irresistible prosa duermes en una ciudad prohibida, el poeta no descansa ni a sol ni a sombra escribiendo para poder encontrar la llave de su vida perdida, mientras tú con las gotas de sangre que caen de sus plumas, despiertas sin tiempo y sobrevives manteniendo tu lozanía, ocupando tu altar donde se reúnen las eternas y perfumadas rosas que alimentan el sepulcro de las trocadas horas, las horas que no pudieron amar, las horas que se encuentran perdidas.

Las eternas rosas solo pueden llevar como un estandarte, el color de la sangre extinguida en aquellas antiguas heridas que jamás pudieron sanar, que jamás pudieron manifestar la vida.

Berkanaluz

D.R.

www.alasrotaspoesia.blogpsot.com

La imagen fue tomada de internet

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Pena tiranna
(Handel)
Nathalie Stutzmann

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