LOS MÁGICOS PORTADORES DE LETRAS

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LOS MÁGICOS PORTADORES DE LETRAS

 

Fuimos eternos, discurrieron los siglos lentamente mientras ellos nos contemplaban acunados dentro de nuestros espacios en blanco, llevamos en nuestras venas amarillas el indiscutible paso de los años, entre cada punto y coma nuestro, una pausa de la eternidad ha descansado, heredamos el amor, los miedos, el silencio, la fantasía, heredamos la lágrima, la emoción, los recuerdos antiguos, heredamos lo bueno y lo malo, muchas veces fuimos un regalo envuelto en papel, hecho de ilusión y de sorpresa. Heredamos las voces implacables de los poderosos dictadores, fuimos las memorias de los mártires, registramos las huellas de las antiguas mitologías, difundimos la enseñanza de las ciencias, en nosotros se ha resguardado la huella de todo lo creado, fuimos los portadores de la sagrada alquimia de los dioses, algunos nos han temido y nos siguen temiendo, como si nuestras letras se convirtiesen en disparos provenientes de armas letales, es cierto que combatimos la ignorancia del mundo, pero sin armas, a nosotros se nos han confiado todas las religiones de los hombres y hemos guardado en nuestro interior todos los idiomas existentes en la tierra.
Fuimos arrasados por las aguas del diluvio, pero sobrevivimos, acuñados en las piedras, perecimos en el fuego voraz de Alejandría, y volvimos a renacer en miles de bibliotecas desperdigadas por el mundo como si de semillas al viento se tratase, estuvimos en la soledad de las cárceles, alimentamos la fantasía de los niños, les enseñamos las historias antiguas a los pueblos. Les contamos del arte, de las fotografías, les enseñamos de la existencia de todas las cosas.
Pero en el silencio de la noche, amamos las manos que nos han escrito entre lágrimas y quimeras, amamos los que soñaron y construyeron los sueños, los que edificaron las palabras que no se han comprendido fácilmente, amamos la palabra que ha quemado con verdades profundas la ignorancia, la palabra que ha denunciado el dolor de los pueblos, la palabra que ha amado hasta quedarse sin nombre, la palabra que ha detenido la injusticia, que se ha comprometido, amamos la palabra que le ha enseñado a los niños el respeto y el amor por el prójimo en un tímido cuento, amamos la palabra que ha dejado hasta el alma asomada a la muerte y no ha temido al abismo y no ha temido a la hoguera, amamos la palabra que no ha esquivado la lava, ni ha evadido el ciclón.
A veces nuestra palabra ha sido rechazada, repudiada, ignorada, pero también ha sido aclamada, trascendida, venerada, hemos estado en los últimos momentos de las vidas, excomulgando la muerte. Hemos registrado en nuestras páginas las más altas fuentes del dolor, como las catástrofes y las guerras, hemos celebrado el milagro de la vida en los nacimientos, defendimos las causas más loables, hemos difundido la compasión y el respeto en el mundo, defendimos los bosques, los mares, y la tierra.
Fuimos quienes resguardamos la voz herida del poeta, que ha muerto y renacido en cada verso y tanto ellos, como nosotros los libros, sobrevivimos a todas las tragedias, porque también como los poetas fuimos tan solo tiempo vencido apresados en una hoja en blanco, fuimos tiempo herido a merced de las memorias que jamás han podido encontrar el olvido.
Fuimos eternos, solo la llegada de la tecnología ha podido vencernos, hoy los libros somos impulsos electrónicos, atrapados dentro de una fría red, impersonal y desconocida, hoy ya no somos la hoja encuadernada tomada entre las manos con cariño, hoy nosotros desconocemos a nuestros dueños, nadie nos obsequia y menos prestarnos, todo fluye en completo silencio dentro de esta red, escondiendo un mundo inquietante y siniestro donde una jauría de lobos roba las letras sin compasión, donde dedos desconocidos copian y pegan, o descargan sin respetar el noble trabajo del escritor, como una alta traición robándole los ingresos.
Hoy ya nada es, el poeta llora en silencio frente a una pantalla rectangular, extraña la hoja inmaculadamente virgen, así como nosotros los libros, extrañamos sus manos, que nos sostenían para no caer.
Nuestro nombre “Libro”, deriva del latín “Liber”, inicialmente significaba <parte interior de la corteza de ciertos árboles>. Hoy nuestra casta se apaga de a poco como una pequeña luz, que las próximas generaciones ya no volverán a ver.

Hoy ya nada es, ni el árbol que se extingue, ni la hoja, ni el libro que no ha podido sobrevivir, el poeta duerme soñando con poder escribir sobre una hoja en blanco, el árbol sueña con un libro que nacerá de su corteza y el libro sueña con poder sentir aquellas manos sosteniéndolo y ni uno ni otro pueden juntarse, ni uno ni otro pueden protegerse de la inminente extinción.
Si los mágicos portadores de las letras se extinguen, ya no nos quedará visión y el mundo quedará sumido en las obscuras letras del dolor indescifrable.
Como un aquelarre sin sombras, ya no existirán ojos, ya no existirán manos, ya no quedará tiempo para leer de la manera tradicional, de la manera en que el mundo lo ha hecho siempre, ya nada nuevo acontecerá si los mágicos portadores de las letras mueren, porque los libros son aquellas cosas inertes que se han convertido en silenciosos seres, vibrando gracias a un pequeño átomo de conciencia, ellos son quienes abrazamos al anochecer, quedando luego suavemente posados en nuestras mesas de luz mientras dormimos y al despertarnos esperan con ansias que los volvamos a leer, son incondicionales amigos que jamás nos dejarán de querer, embriagándonos con su aroma a tiempo y a tinta, deleitando nuestro intelecto cuando fijamos nuestros ojos en ellos, regalándonos mundos sublimes, mágicos, intemporales, donde todos es como debería ser, un regalo del tiempo para ayudarnos a crecer.
Sin importar la temática del libro, dentro de él existe un corazón que no quiere dejar de latir, con su aguda visión siempre nos va a enaltecer, y nos va a hacer sentir el latido del mundo, este extraño pero maravilloso mundo, en el cual hemos nacido, que con sus luces y sombras nos ha de llevar a volar entre las fronteras del bien y del mal. Viviremos y nuestra vida irá pasando como las paginas de un libro, contando nuestra historia, y luego partiremos como un libro que se deshojará en el olvido.
“Porque nosotros somos la raíz, el árbol, y la hoja registrando cada detalle de nuestra vida en el libro sagrado del destino, quedando éste resguardado en la biblioteca indestructible de un tiempo llamado eternidad”.

Berkanaluz
D.R.
http://www.alasrotaspoesia.blogspot.com
http://www.berkanaluz.wordpress.com
La imagen fue tomada de internet.
Artista -Igor Morski-
Diseñador gráfico, ilustrador digital,
Polonia (1960)
https://www.facebook.com/IgorMorskiArt/

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