DETRÁS DEL ALAMBRADO 7

“siempre,

siempre,

el dolor de ellos

ha de sentirse tan atroz,

como una estaca clavada en el corazón,

como un río

que se desangra sin gritos,

como un día

que se desploma sin luz”.

Berkanaluz

pixabay gratis art-2178911_960_720

DETRÁS DEL ALAMBRADO 7

ME VOY

 

A veces me voy con mis niños,

con los niños de la guerra,

con los niños de las hambrunas,

con los niños de las tragedias,

porque siento que no hay nada que hacer

para cambiar las realidades

que a lo largo del camino

se tornan agobiantes,

y a veces me voy,

me escondo

de las guerras del mundo

y de mis propias guerras,

me escondo

como los niños heridos

se esconden

de esas armas que siempre amenazan,

como la indiferencia

y el olvido.

 

Como pegan, 

como destruyen esas armas aladas,

alas transparentes,

porque no se ven

de donde llegan

y de donde menos te lo esperas

te fusilan,

te hieren el alma,

la falta del pan,

el dolor y el miedo,

la esclavitud.

 

Las heridas de la guerra

no se podrán comparar jamás

con nada

que se haya vivido

en una vida común, 

solo se podrán comparar 

con las heridas del desamor,

de la indiferencia

que los dejan varados

en los campos de la vida,

llamados para ellos

campos de la muerte.

 

Todas la heridas duelen

porque se enfrentan

a lo desconocido,

a ese rostro oculto,

a esos ojos que jamás

se han mostrado,

que jamás han percibido

la luz,

y que se han confundido

con las penumbras de la noche,

se han confundido

con las promesas

de la hermandad de espíritus

y sus fragantes palabras,

pero cuando llega el amanecer 

y se contempla  el campo arrasado,

se comprende al fin

que no fue un sueño,

que todo estuvo allí,

que todo sigue estando allí,

los ojos de los niños,

el horror y la muerte,

la desolación,

la pérdida.

 

Y no se en que momento

me convertí en uno de esos niños

que viven atrapados en el dolor,

y a veces esperando

nada más que su muerte,

viven

esperando a sus madres

que no vendrán a abrazarlos, 

viven

o sobreviven

soñando con la esperanza,

pero ella jamás vendrá a rescatarlos,

y la vida se convierte a veces

en un campo de exterminio,

donde el peor enemigo

es la falta del auténtico amor,

y la falta de compasión

en la que el mundo los ha sumergido.

 

Y a veces me voy con mis niños,

los niños abandonados en las guerras,

los que tienen hambre,

los que sufren,

los que fueron olvidados,

para compartir sus miedos,

para saber que se siente

no tener esa alma amiga

que te abrace

y que te sane donde más te duele,

pero es imposible,

por más que pudiera,

por más que intentara

comparar mis horrores

con los de ellos,

siempre,

siempre,

el dolor de ellos

ha de sentirse tan atroz,

como una estaca clavada en el corazón,

como un río

que se desangra sin gritos,

como un día

que se desploma sin luz.

Berkanaluz

D.R.

http://www.berkanaluz.wordpress.com

La imagen fue tomada de internet (Pixabay)

pixabay gratis art-2178911_960_720

standard-150 (1)

 

Poesía

Autor -Cesar Vallejo-

-Los nueve monstruos-

Declamado por el niño

-Saúl Sánchez Balladares-

Provincia -Santiago de Chuco-  Perú

Letras de la poesía de…

Cesar Vallejo

 

LOS NUEVE MONSTRUOS

 

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rosseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar…
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Autor -Cesar Vallejo-  Poeta y escritor

(Perú, 1892 – Francia, 1938)