RECUERDOS

Arte -Carlton Alfred Smith- (1853-1946)

Colección privada Sotheby´s  London

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RECUERDOS

 

Hermosa pintura, evoca a las mamás de antes, cuando las mujeres aún no nos habíamos emancipado.
Recuerdo de pequeña, a mi adorable madre y a las madres de mis amigas, siempre estaban en sus casas contentas, o quizás tristes (pero no se les notaba) no tenían tiempo ni para la depresión, ni para enfermarse, eran el faro que iluminaba, eran la chispa que encendía el día, ellas no decaían, eran su propio dínamo, con energía siempre extra, y si caían, inmediatamente se levantaban porque el mundo giraba en torno de ellas, siempre estaban prontas, con sus delantales puestos, dispuestas a afrontar cualquier tarea que requiriese su pronta intervención, siempre estaban dispuestas para coser el botón caído, para acompañar a sus hijos a las escuelas, cocinar, etc, y solucionar cualquier problema que pudiera acontecer, parecía que la pobreza no las vencía, no conseguía doblegarlas, ellas trabajaban hasta el cansancio y más, eran las últimas en acostarse y las primeras en levantarse, usaban sus cabellos cortos por no tener tiempo para cuidarlos, sus casas siempre olían a cebolla recién cortada, olían a comida fresca, a pan casero calentito y también olían a amor y a atención, ese era su bello e inigualable perfume, el secreto inmortal de aquellas mágicas casas.

Tocábamos sus manos y eran ásperas curtidas por el trabajo del día, ellas no se detenían ante nada. Mi madre lavaba las sábanas blancas y las extendía por el pasto, las exponía al sol y luego les echaba agua, ella decía que así se blanqueaban mejor. Aún hoy de forma nítida recuerdo esos días soleados y primaverales, con las sábanas blancas recostadas sobre el verde pasto, un bello espectáculo que guardan la memoria de mis retinas, símbolo del amor delicado y abnegado, símbolo del amor por la perfección que tenían nuestras madres, aún con bajos recursos. Luego planchaban largo rato esas pesadas sábanas blancas de lienzo y algodón.
A pesar de la agotadora jornada y de las cansadoras tareas del día, ellas siempre tenían un espacio para tejer la “bufandita”, o el par de medias de lana que obsequiaban al más necesitado de la familia. Todo pasaba por las manos de nuestras abnegadas madres.
Recuerdo que ir a jugar a la casa de alguna de mis amigas, entre otras cosas significaba el ritual de compartir la merienda de la tarde, y allá venían las madres con los platos llenos de pasta frola, bizcochuelos, galletitas, todo hecho por ellas. Mis amigas y yo llegábamos transpiradas de tanto correr por las calles, de tanto trepar árboles, de tanto jugar a la mancha y a la escondida, y nos hacían lavar las manos y refrescarnos antes de merendar.
Las niñas lucíamos saludables, y si nos enfermábamos nuestras madres nos hacían quedar en la cama, como fuese, (en mi caso era bastante difícil) mi madre me llenaba la cama de revistas “Recreo” las de -recorta y pega- pero igual era difícil mantenerme quieta.
¡Como se extrañan las madres de aquella época! “Doña María”, “Doña Elvira” “Doña Ana” “Doña Daisy” (mi madre) las “viejitas de hoy”, si es que aún queda alguna viva, ellas “las madres de aquellas épocas” sostuvieron el mundo, y fueron el símbolo de la abnegación callada y silenciosa, ellas tuvieron una importante misión y fue nada más y nada menos que nutrir las almas de la familia, nos enseñaron el ritual del alimento compartido, el hacerlo día a día en la mesa todos reunidos, todos nos mirábamos a los ojos, nos reíamos, peleábamos, soñábamos, en las familias estaban los malhumorados, los locos, los risueños, los callados, los populares, los raros, los buenos, y los no tan buenos, pero todos tenían su espacio en la mesa, eran las mesas familiares, estaban los abuelos, a veces también estaban los tíos “solterones” de la familia, que todos miraban de reojo, pero nadie quedaba afuera, tampoco el que llegaba de improviso, se armaba otra mesa, otro mantel y listo, “avanti” a almorzar o a cenar, y todos sabían de todos…tan cercanamente.
Creo que cuando estas incansables “mujeres madres” fueron extinguiéndose de a poco, el mundo fue muriendo poco a poco también con ellas, ¡ay como las extrañamos queridas madres!
¡Ningún mal superaba la paz de sus presencias en nuestras vidas!
La madres de hoy estamos liberadas, somos más independientes, utilizamos más plástico en nuestros cuerpos y en nuestras compras, “utilizamos y tiramos “(utilizamos todo lo que nos agilite el proceso) lo que nos proporciones más tiempo para nosotras, vamos al club, apenas repasamos los deberes de nuestros hijos, (por falta de tiempo)…corremos de aquí para allá, tratando de ganar tiempo al tiempo, siempre estamos impecables en ropa, en zapatos, en peluquería, somos empresarias, trabajadoras, profesionales, somos independientes, olemos siempre a perfumes, la impecabilidad nos etiqueta, y la soledad también, interiormente tenemos esa sensación de haber perdido algo, y quizás no sabemos bien que es, pero como una primavera que se extingue poco a poco, nos deshojamos en el viento, sin querer mirarnos al espejo, ese espejo que refleja a nuestros hijos, que ya no juegan en las calles, que siempre enferman, que sufren de soledades, que se amparan en el mundo inexistente de los celulares, no queremos vernos en ese espejo que contamina el mundo de plástico, porque se fue el tiempo para nutrir, para cocinar, para atender, no queremos reflejarnos en esa pérdida de territorio interior que padecemos nosotras las mujeres de hoy en día.
Las madres de antes nos enseñaron lecciones que eran tesoros sagrados, eran nuestras brujas buenas, ellas mantenían un círculo, que nosotras rompimos con el afán de buscar nuestro lugar preponderante en el mundo, un círculo de poder siempre tiene que tener ese -ser especial- que mantiene los hilos unidos, tejiéndolos continuamente, e ir hilvanando los puntos que se escapan, como un mandala circular, como un atrapa sueños, el círculo genera poder, genera energía, cuando se rompe el círculo todo es caos, todo es desorden. Nuestras madres eran las chamanas que alimentaban el círculo, ese mismo círculo que nosotras, las mamás de hoy quisimos romper.
Las mujeres perdimos nuestro espacio sagrado, creímos que ganábamos “ese espacio” dejando toda la tradición de lado, y percibimos a nuestras madres, como “presas y víctimas” de un sistema, que en verdad era -un espacio sagrado- que no supimos apreciar, nunca las pensamos libres, amando, nunca las pensamos abnegadas, felices, las percibimos sometidas, bajo el peso del yugo, pero creo que eran más felices que nosotras hoy en día, una felicidad que no podemos alcanzar aún con nuestra más preciada libertad, y creo que la cárcel de nuestras madres (si alguna vez tuvieron una), fue más auténtica, más llena de peso y contenido, que nuestra cárcel hoy llamada “libertad” pero tan vacía de todo, lamentablemente las mujeres cambiamos aquellos espacios seguros, por la libertad de <otro espacio> un espacio que nos deja expuestas a un mundo caótico y cruel que nos absorbe sin compasión, y que nos deja agotadas y frágiles, por más fortaleza que queramos demostrar, el círculo se ha roto y nosotras hemos perdido también nuestra autoridad, aquella autoridad que tan solo el silencio y la abnegación pueden dar.

Hoy los hombres no nos dominan ni controlan, hoy conquistamos la igualdad de género, ellos cocinan, lavan,  cuidan de los hijos como nosotras, y las mujeres trabajamos como ellos, hemos logrado independencia y portamos nuestra bandera con orgullo, el orgullo de una gran conquista, y las mujeres respiramos aliviadas…¿o no?, creo, -no sin un poco de tristeza y nostalgia- que algo se ha perdido en el tiempo, algo irreparable e irrecuperable, un tesoro que se ha perdido en el fondo del océano del tiempo, algo que nuestra generación ha tenido el placer de poder vivenciar, el sentir, el recibir la abnegación, el amor y el silencio con que trabajaban aquellas (nuestras) madres.

Ya más nunca volverán, ellas como las abejas trabajaban incansablemente sin recibir remuneración, pero lo hacían con la certeza de que el beneficio no era solo para si mismas, trabajaban con la certeza de que su tarea era algo importante, único e irremplazable, porque era en pos del bienestar de una comunidad, (su familia) porque al fin y al cabo “ser una comunidad” era el significado de lo que las familias reunidas eran antes.  
Hoy flotan en un mar enrarecido nuestros vínculos, “nuestra comunidad”, la comunidad familiar luce desmembrada, flotando entre las ocupaciones, los hijos, los trabajos, los problemas, el tiempo que se va aceleradamente, junto con el plástico tirano que contamina sin piedad y los celulares que se ocupan de dominar, controlar y “pseudo solucionar” nuestras vidas y amistades, todo esto consecuencia de haber perdido nuestro tiempo de nutrir, desde lo profundo, desde la raíz.
Se perdió “la madre abnegada” en el tiempo, ya no está su magia, para enlazar los puntos que se escapan, ya no está su paciencia y su legítimo amor, necesario para mantener cerrado el círculo, y poco a poco el sistema colapsa sin volver atrás. 

Recuerdo todo esto y puedo evocarlo, porque también existió un mundo sin internet, sin selfies y con muchos abrazos, más que abrazar los cuerpos, las madres abrazaban las almas…y era esa sensación las que nos protegía, la sensación de que, <pasara lo que pasara en el mundo> la presencia de nuestra madre era un lugar seguro donde habitar.
En fin, una hermosa pintura que movió la fibra sutil de mis recuerdos y disparó mis sentimientos y emociones de antaño, recuerdos que afloraron desde el profundo pozo del olvido.
Berkanaluz  D.R.

http://www.berkanaluz.wordpress.com
La imagen fue tomada de internet

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-Día internacional del niño africano-

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-Día internacional del niño africano-

 

 

 

 

Los pensamientos del líder Mandela, trascienden el tiempo y el espacio, han construido y seguirán construyendo un mundo mejor!

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“No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que se trata a sus niños”.

 

“Que reine la libertad. El sol nunca se pone en tan glorioso logro humano”.

 

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión”.

 

“Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”

Instituciones que ayudan a los niños de África

 

https://cooperacioambalegria.co/author/cooperacioambalegria/

https://plan-international.es/nuestro-trabajo/por-paises/africa

http://www.africaarcoiris.org/

https://www.unicef.org/spanish/emergencies/southernafrica/

https://www.savethechildren.es/publicaciones/infancias-robadas-2017

https://www.humanium.org/es/ninos-huerfanos/

 

https://www.facebook.com/anjarloven/

 

RETRATO DE UNA MADRE

“Dedicado a mi madre y a todas las madres del mundo”.

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13-5-2018

DÍA DE LA MADRE

 

Texto perteneciente al obispo chileno 

Ramón Angel Jara

 

RETRATO DE UNA MADRE

Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho del Angel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama y siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud, una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de un niño y siendo débil se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un sólo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios…

De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape de lágrimas vuestro álbum, porque ya la vi pasar en mi camino.

Cuando crezcan vuestros hijos, leedles esta página, y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para vos y para ellos, un boceto del retrato de su madre.

Autor 

-Ramón Angel Jara-

La imagen fue tomada de internet

Obra  -La Inocencia-

Artista  -William Adolphe Bouguereau-  Pintor francés. (1825-1905)

 

 

LA MUSICA, MEDICINA PARA EL ALMA

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María Damiani / ¿Hay algo que se pegue más que una buena melodía?

La música, medicina para el alma

Desde el año 1500 aC ya había constancia de la influencia de la música sobre el cuerpo humano considerándola como un agente capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma.

Los griegos de la Antigüedad dedicaron gran atención a la música no sólo como instrumento para la educación sino como un recurso estimulante que mejora los estados anímicos, la memoria y la concentración.

Aristóteles fue uno de los que realizó notables aportaciones sobre la naturaleza del sonido y sus efectos sobre las emociones, el carácter, el comportamiento y la salud. El poder terapéutico de la música es incuestionable.

Pero, ¿por qué se conceptualiza la música como un alimento para el alma?

En este caso, la palabra alma se puede asociar a la consciencia, al interior de cada uno.

La música favorece la relajación, aleja los malos pensamientos y sumerge a las personas en un estado de armonía mental. Se puede decir que es un alimento que trae alegría, paz, expectación de lo bueno, y la belleza del sonido penetra en lo más profundo del ser.

Actualmente, la musicoterapia como disciplina de salud se ha extendido alrededor del mundo.

El Prof. Dr. Rolando O. Benenzon define la musicoterapia “como una psicoterapia que utiliza el sonido, la música, los instrumentos corporo-sonoro-musicales para establecer una relación entre musicoterapéuta y paciente o grupos de pacientes, permitiendo a través de ella mejorar la calidad de vida y recuperando y rehabilitando al paciente para la sociedad”.

La musicoterapia reduce la ansiedad a través de la música y sus componentes. Esto aumenta el optimismo, promueve la calma y hace que los pacientes se olviden de la mayoría de sus problemas tantos físicos como emocionales, sociales y cognoscitivos.

¿Qué es lo que hace que la música tenga un efecto sanador?

La armonía, la melodía y el ritmo tienen un efecto curativo. Escuchar música puede llevar a uno a alturas de belleza y revelación espiritual. De igual forma, contribuye a la espiritualización del pensamiento en la vida diaria y a mantener una atmósfera elevada que ayude a mantener sano el ambiente. La música resulta inspirativa y acerca a la conexión con todo lo divino, lo supremo, permitiendo llegar a un mayor entendimiento de las ideas del Alma.

La escritora Mary Baker Eddy valoraba la música y destacó en uno de sus libros, Escritos Misceláneos que “la música es la armonía del ser; mas la música del Alma aporta las únicas melodías que conmueven los acordes del sentimiento y despiertan las cuerdas del arpa del corazón”.

Puedes sentir la música en tu corazón y dejar penetrar esa armonía en el fondo mismo de tu ser. Así te sentirás sano.

María Damiani escribe acerca de la salud y el bienestar desde una perspectiva espiritual y es Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en España. Email: spain@compub.org Twitter: @compubespana

FUENTE  http://www.noticiaspositivas.net

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